Algunas de las plumas analizadas.

Algunas de las plumas analizadas.
Imagen: J. Rosvold

Cuando pensamos en funerales vikingos a menudo pensamos en barcos en llamas y hombres del norte camino del descanso eterno cubiertos de armadura y con sus armas junto a ellos. Desde luego lo que no pensamos es en guerreros con sus cabezas descansando cómodamente sobre almohadas de plumas.

Curiosamente, ese parece ser el caso, al menos así lo era antes de que los pueblos escandinavos (Lo que hoy es principalmente Suecia y Noruega) se ganaran el apelativo de vikingos por sus incursiones sobre Europa.

Siglo séptimo de nuestra era en el centro de Suecia. Estamos en plena edad del hierro y apenas un siglo antes de que los saqueos vikingos saltaran al imaginario colectivo. Los nórdicos de aquella época enterraban a sus caídos de noble cuna en el cementerio de Valsgärde, a las afueras de Uppsala. El funeral debía ser todo un espectáculo. El difunto era enterrado sobre un esquife con la proa mirando hacia el cercano río Fyrisån. Sobre la cubierta del bote ceremonial el muerto llevaba todo lo necesario para su viaje al más allá. Su cuerpo iba ataviado con los mejores ropajes, joyas y armaduras. A su alrededor llevaba sus armas, instrumentos de caza y también comida y hasta instrumentos de cocina.

Algunas de las plumas excavadas.

Algunas de las plumas excavadas.
Foto: J. Rosvold

Gracias al trabajo de la arqueóloga Birgitta Berglund y el biólogo Jørgen Rosvold, ahora también sabemos que los difuntos descansaban sobre gruesos almohadones cilíndricos, probablemente rellenos de paja. Sus cabezas, sin embargo, reposaban sobre almohadones rellenos de plumas, y los investigadores creen que no era para que estuviesen cómodos y calentitos en su viaje hacia el más allá. Las plumas tenían algún tipo de significado ceremonial, probablemente ligado a rituales chamánicos de la época.

El cementerio de Valsgärde es un activo centro de investigación arqueológica desde 1929. Bajo sus verdes colinas han aparecido ya 15 barcos funerarios y sus hallazgos son un tesoro para la ciencia, pero Berglund y Rosvold no están interesados en los cascos o las espadas, sino en las plumas. La presencia de plumas en las tumbas (el biólogo se sigue sorprendiendo de que aún se conserven tras más de mil años) pasó relativamente desapercibida hasta hace bien poco. Quizá era algún tipo de ornamento para la cabeza o plumas de un animal depositado junto al cuerpo.

El cementerio de Valgärde y la disposición de los barcos junto a un grabado de uno de los cascos encontrados allí.

El cementerio de Valgärde y la disposición de los barcos junto a un grabado de uno de los cascos encontrados allí.
Imagen: Berglund y Rosvold / dibujo: Arwidsson (1977)

Sin embargo, la cantidad y disposición de las plumas y su proximidad a fibras de tejido sugiere que formaban parte del relleno de algún tipo de almohadón. El análisis de las plumas también ha sido una sorpresa. Los investigadores esperaban plumas de pato o ganso. Las plumas de estos animales eran objeto de un codiciado comercio en la zona desde mucho antes de los enterramientos de Valsgärde. Efectivamente, había plumas de estos animales, pero también había una mezcla local de plumas de aves locales que desde luego no están asociadas precisamente con el comfort.

Berglund y Rosvold han hallado plumas de cuervo, de gorrión, de gallina y hasta de varias especies de búhos de gran tamaño. Podría ser una simple casualidad y los antiguos escandinavos simplemente usaron de las plumas que tenían a mano, pero lo exótico de algunas de las especies encontradas sugiere un uso deliberado de las plumas de ciertas especies por sus supuestas propiedades sobrenaturales.

Existen textos de la época como la saga de Erik el Rojo en la que se describe como se honraba a los chamanes decorando sus asientos con almohadones rellenos de plumas de gallina. Siglos más tarde aún perduraba la creencia de que las camas rellenas con plumas de ciertas especies podían ayudar a superar enfermedades. En cambio, las plumas de algunas aves podían empeorar el sufrimiento del enfermo. Los buhos, por su parte, son poco menos que espíritus en el folklore nórdico, así que quizá el uso de sus plumas tenía un sentido mucho más simbólico del que creemos. [Science Direct vía Ars Technica]

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