Represenmtación artística de la llamarada ocurrida en 2019.

Represenmtación artística de la llamarada ocurrida en 2019.
Imagen: NRAO/S. Dagnello

No te gustaría estar cerca de Próxima Centauri. La estrella más cercana a la Tierra (sin contar, por supuesto a nuestro propio Sol) es un astro temperamental muy proclive a las erupciones solares. Eso lo sabíamos, lo que no sabíamos hasta que punto esas erupciones superan a las del Sol en varias magnitudes.

En 2019, los astrónomos de nueve telescopios aunaron esfuerzos para observar Próxima B durante cuarenta horas. Han tardado años en analizar los datos de aquellas observaciones, pero hay una cosa bastante clara. Si los exoplanetas de ese sistema alguna vez tuvieron vida, esta no pudo durar mucho. En las 40 horas de observaciones, los investigadores captaron numerosas llamaradas solares y explosiones en la superficie de esta enana roja a solo 4 años luz de la Tierra, pero una de ellas captó su atención porque se produjo en una frecuencia del espectro magnético altísima que no se había visto hasta ahora y cercana al milímetro (30-300Ghz).

Interpretación artística de Proxima b con su extrella al fondo.

Interpretación artística de Proxima b con su extrella al fondo.
Imagen: ESO / M. Kornmesser

El evento abre una nueva puerta al estudio de fulguraciones solares en frecuencias hasta ahora desconocidas. No todas esas frecuencias son necesariamente ionizantes y por tanto peligrosas para la vida, pero su descubrimiento hace sospechar a los astrónomos que Próxima B libera su energía a un ritmo de varias de estas explosiones diarias. En 2016 la estrella sufrió una explosión (esta vez en el espectro visible) tan desproporcionada que durante unos segundos la estrella incrementó su brillo 14.000 veces. Un observador casual que mirara en la dirección correcta podría haberla divisado a simple vista, cosa que normalmente es imposible.

Aunque fascinante desde el punto de vista de la astrofísica, la explosión que detallan los astrónomos en este nuevo estudio es una mala noticia para la astrobiología porque significa que los exoplanetas alrededor de esta estrella (hasta la fecha conocemos dos) sufren un bombardeo continuo de radiación que no es compatible con la vida tal y como la conocemos. Durante un tiempo se albergó la esperanza de que pudiera haber vida en Proxima b, un planeta rocoso en órbita de esta estrella con una masa muy similar a la de la Tierra y encima en zona de habitabilidad.

¿Existe la posibilidad de que pueda haber vida en Próxima b pese a las llamaradas solares? Nada es imposible, pero las posibilidades son, desde luego, muy bajas. Lo más probable es que semejante despliegue pirotécnico por parte de la estrella hace mucho que haya despojado a Próxima b de su atmósfera, incluso con la relativa protección de una magnetosfera. Además, la masa de la estrella es tan pequeña que para estar en zona de habitabilidad, el planeta debe estar mucho más cerca de ella, lo que sin duda hace que reciba el impacto de estas llamaradas a bocajarro. Próxima Centauri cada vez nos da menos razones para albergar esperanzas de que vayamos a encontrar vida en el patio trasero de nuestro rincón de la galaxia. [Astrophysical Journal Letters vía Science Alert]

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